Cuidado Pastoral del Misionero

Carlos Scott

 

Marcia Tostes de Brasil escribio: “COMIBAM '87 fue el reto para involucrarnos en la evangelización de las misiones mundiales.  COMIBAM’97 fue una reflexión sobre el Movimiento Misionero Latinoamericano donde nos dimos cuenta que aunque muchos misioneros habían sido enviados, habían algunas fallas en términos del entrenamiento y del cuidado pastoral de los misioneros. 

 

Este congreso coincidió con el momento en que la Alianza Evangélica Mundial estaba haciendo un estudio sobre el retorno anticipado de los misioneros alrededor del mundo.  Los resultados fueron alarmantes, se investigó entre 453 agencias entre 1992 - 1994 y se encontró que el tratamiento de retorno anticipado evitable era del 3,1%, esto implica que de 450.000 misioneros, 14.000 regresaban antes de tiempo.

 

Según investigación de WEF[1], en Brasil, por ejemplo, la mayoría de las causas del retorno, fueron debido a cuestiones personales, tales como: inmadurez en la vida espiritual, problemas de salud, compromiso inadecuado, falta de llamado, falta de integridad moral[2].

 

Los días 8 al 11 de Noviembre del 2000, en Lima, Perú se llevó a cabo la "1era. Consulta Continental sobre el cuidado pastoral" donde la realidad de los países enviadores fue enfatizada frente a la realidad de los campos misioneros.  Allí se destacó las grandes necesidades que los misioneros han expresado como:

-          Apoyo emocional y afectivo

-          Presencia de sus líderes

-          Orientación y asesoramiento en diversas situaciones conflictivas

-          Formación en el cómo enfrentar conflictos interpersonales, toma de decisiones bajo stress y presión, etc.,

-          Mayor seguridad personal

 

Realidad de la Vida Misionera

La realidad de la vida del misionero es marcada por cambios constantes, con consecuencias, muchas veces trágicas, para la continuidad de la obra misionera.

 

Por esta razón, la visión para el pastoreo del misionero tiene que ser amplia, incluyendo todas las fases de la vida misionera.  Estas fases son:

-          El llamado

-          La confirmación por la iglesia

-          La preparación y selección

-          El envío

-          El ministerio en el campo

-          El regreso a la patria (temporal o definitivo)

-          La jubilación

 

Siguiendo el consejo de Prov. 27:23-24 el pastor o aquel que cuida debe conocer bien el estado de sus ovejas. Trayendo esto al contexto misionero, necesitamos estar atentos de quién está respondiendo al llamado del Señor. ¿De dónde vienen estos candidatos? ¿Cuál es su historia familiar? ¿Son casados, solteros, divorciados? ¿Son introvertidos o extrovertidos? ¿Qué nacionalidad tienen? ¿Cómo están espiritualmente?

 

Conocer a nuestras ovejas es importante, pues el cuidado debe ser apropiado para las necesidades individuales y para que en el momento clave sean suplidas. El cuidado adecuado requiere selección del lugar correcto, tiempo correcto y la persona correcta.

 

Al paso de las generaciones los misioneros en algunos puntos son los mismos. Son decididos, comprometidos, saben de la importancia de la obra que tienen que cumplir. Sin embargo, existen algunas diferencias que tenemos que tomar en consideración.

 

Tom Sine las divide en 3 generaciones principales:

 

Los Boosters (nacidos en 1927 y 1954)

 

Características:

 

-     Nacieron en familias que enfrentaron y vencieron la depresión económica y derrotaron el fascismo   y totalitarismo de la Segunda Guerra Mundial.

-     Responsables, ciudadanos equilibrados.

-     Entregados al trabajo arduo para proveer sustento para su familia.

-     Guardando los valores tradicionales, vida familiar, iglesia.

-     Valoran la seguridad, estabilidad, perseverancia y compromiso con metas a largo plazo.

 

Implicaciones en misiones:

 

-     Candidatos encaminados al trabajo, preparados para colocar carrera y familia en el altar por

             amor del evangelio.

-     Pioneros, independientes, individualistas.

-     Trabajaron mucho a favor de las misiones, proporcionando firme fundamento para el trabajo misionero actual.

-     Muchos líderes en misiones pertenecen hoy a ese grupo.

 

Los Baby Boomers (nacidos en  1946 y 1964)

 

Características:

 

-     Rechazo a los valores tradicionales y a la abundancia material de los padres.

-     Consideran muy importante la realización personal.

-     Liberación moral, tolerancia para el aborto, homosexualismo y otras prácticas.

-     Idealismo en asuntos sociales.

-     Opción por la familia y profesión.

-     Falta de compromiso a largo plazo.

 

Implicaciones en misiones:

 

-     Candidatos a misiones con expectativas irrealistas que dan mucha importancia a la preparación.

-     Dan prioridad al cuidado de la familia, pueden regresar del campo misionero por la educación (estudios) de los hijos.

-     Retan la autoridad si así lo ven conveniente.

-     Este periodo dio inicio a las misiones a corto plazo.

 

Los Busters (nacidos en 1965 y 1983)

 

Características:

 

-     Este grupo en su mayoría vienen de familias divididas, en su mayoría victimas de abusos sexuales y otros.

-     Abundancia material, pero privados de amor y apoyo familiar.

-     Sensibles al rechazo.

-     Son honestos y desean enfrentar los problemas, aun cuando estos sean dolorosos.

 

Implicaciones en misiones:

 

-     Candidatos a misiones que traen consigo mucho dolor, haciéndolos vulnerables emocionalmente.

-     Son creativos y tienen mucho que dar, pero necesitan ser  sanados.

-     Para este grupo es fundamental el consejo, tratamiento psicológico antes de salir al campo y ánimo en el campo.

 

Los misioneros de hoy vienen en su mayoría de los dos últimos grupos  y  en poco tiempo, viene el cuarto grupo, los nacidos después de 1983. ( Ellos se llaman la Generación X e Y , y traen también implicaciones importantes en misiones )

 

Prestando atención a esta clasificación, las iglesias y agencias misioneras pueden brindar un cuidado más efectivo a sus candidatos y misioneros, aumentando la conciencia de la necesidad de cuidado pastoral, mejorando la comunicación entre líderes y liderados, creciendo en el trabajo en equipo.”

 

¿Quién hace el cuidado pastoral? 

Gloria Bustamante Zamora de México menciona: “La vida del apóstol Pablo es un ejemplo claro de un misionero transcultural, rodeado de amigos y hermanos en la fe, a quienes Dios puso en su vida para cuidarle y ministrarlo a efectos que pudiera cumplir  el llamamiento de llevar el evangelio a todas las naciones.

 

El cuidado al misionero no era una tarea exclusiva de personas “expertas” o especializadas. 

El apostol Pablo menciona en sus cartas,  más de 70 nombres de personas que fueron usadas por Dios para ministrarlo, apoyarlo y cuidarlo. Algunos de ellos fueron Febe, Priscila y Aquila (Romanos 16:1-4) que lo ayudaron y hasta fueron capaces de exponer su vida por él.  Estefanás, Fortunato y Acaico (1 Corintios 16:17-18) confortaron su espíritu. Aristarco, Marcos y Justo (Colosenses 4:10-11) se encargaron de consolarlo. Onesíforo (2 Timoteo 1:16-17) muchas veces buscándolo con solicitud, lo confortó y le fue de gran bendición. También los hermanos de Tesalónica, enviaron por medio de Timoteo saludos cariñosos, buenas noticias de su fe y amor,  lo cual para el corazón de Pablo, en medio de toda su aflicción y necesidad, fue de mucho consuelo. Los hermanos de Corinto fueron usados por Dios para bendecir y confortar a Pablo que estaba pasando por conflictos externos y temores internos, de tal forma que decidieron  enviar a Tito para demostrarle en palabra y hecho el amor y solicitud que ellos le tenían (2 Corintios 7:5-7). Los filipenses  se hicieron presentes, por medio del apoyo económico (Filipenses 4:10.15).

 

Pablo no estuvo solo para cumplir el llamamiento  que Dios le hizo, el Espíritu Santo lo usó poderosamente  y el Señor lo rodeó de miembros de su cuerpo para bendecirlo y tomar parte en el extendimiento de su reino hasta lo último de la tierra. 

 

Como  Pablo, los misioneros transculturales hoy día necesitan apoyo y cuidado en el área espiritual, emocional, física y de relaciones interpersonales.

 

El cuidado empieza mucho antes de que el misionero se prepara para salir; continúa mientras está en el campo y sigue cuando regresa a casa. Pablo contó con el apoyo emocional, espiritual y financiero,  tanto de líderes como de hermanos creyentes en la fe;  juntos participaron en la defensa y confirmación del evangelio. (Filipenses 1:1-8; 4:15).”

 

El cuidado al misionero involucra tres niveles diferentes de personas. Una forma completa de cuidado se da cuando es compartido entre la iglesia, agencia y el misionero.

 

La iglesia es la responsable primaria por el cuidado en el país de origen, que incluye el reconocimiento del llamado, apoyo durante el entrenamiento y selección, de la logística para el envío y el cuidado en el campo.

El misionero Mario Loss que sirve en Uruguay nos comenta: “Es en la iglesia local donde los obreros son moldeados, fortalecidos y lanzados a la obra. Parte de la preparación incluirá estudios en escuelas especializadas y experiencias en ministerios transculturales.

 

El rol de la agencia misionera tiene que ver con el  cuidado y supervisión del obrero en el campo. Es preciso una buena comunicación entre el obrero y su supervisor, y con los otros obreros que trabajan en las mismas tareas. Es necesario un cuidado pastoral del misionero por medio de periódicas entrevistas e informes en el campo. Talleres, conferencias y retiros espirituales para renovar el ánimo espiritual y emocional son muy importantes. Es necesario tomarles exámenes de salud espiritual, emocional y aun física para evitar el agotamiento. Hay que trabajar para reforzar el sentido de familia o equipo, y de prevenir que diferencias pequeñas lleguen a ser conflictos grandes con heridas difíciles de solucionar. Cien gramos de prevención valen un kilo de intervención.

 

A veces es necesaria la intervención de la agencia e iglesia en conjunto ante determinadas situaciones como:  el haber dejado la fe Cristiana; el crear división constante entre la familia de Dios; haber caído en un pecado que arruina su testimonio frente a la gente que quiere alcanzar, etc.. Cuando hay decisiones duras de tomar, la agencia y la iglesia deben de estar de acuerdo y bien unidas. De no ser así, el misionero que ya no está en su sano juicio buscará apoyo de uno contra el otro, y las dividirá. La intervención es en primer lugar una disciplina tierna para enderezar lo torcido antes de que se endurezca. Muchas veces la intervención viene muy tarde porque a pocas personas les gusta confrontar a otros, y con cada día que pasa, los seres humanos estamos menos dispuestos a recibir corrección. Hay que corregir las acciones pero cuidar que el obrero no pierda la esperanza de superar sus defectos “. (Gálatas 6:1-5).

 

El misionero tiene que tener conciencia de que hay una dimensión personal que le corresponde a el  en participar en el cuidado. Tiene que entender las funciones de la iglesia y de la agencia para con él y mantenerlos informados de sus necesidades.”

 

 La responsabilidad suprema del cuidado de los obreros de Dios descansa plenamente en Sus manos porque es Él quien los envía, y es Él quien tiene el poder para sostenerlos. Aunque la iglesia le envíe, y una agencia le administre, el obrero tiene que funcionar sabiendo que su último jefe es el Señor de la Mies. Ni la iglesia ni la agencia pueden siempre acompañarle en la cárcel, o darle consuelo en la enfermedad, o levantar el ánimo cuando está cerca de la derrota. Tarde o temprano, los humanos le van a fallar, y se quedará sólo con el Dios de todo Consuelo (II Cor. 1:3). Cuando Cristo envió a los doce y luego a los setenta y dos, los envió sin bolsa, ni bastón, ni dinero ni ropa de repuesto (Lucas 9:2, 10:4). Les dio autoridad sobre los espíritus impuros y para sanar enfermedades, pero no organizó una gran estructura de cuidado para ellos. Mas bien, les dijo que les enviaba como corderos en medio de lobos (Lucas 10:3).

 

Es mi experiencia que en la obra transcultural nunca se encuentra una situación ideal. Con pocas excepciones, el obrero, o la agencia, o la iglesia tienen que seguir adelante a pesar de no tener todas las cosas que crean convenientes o aun necesarias. Digo eso para advertir que, aunque busquemos un cuidado integral del misionero, completo y sin faltas, si no lo alcanzamos a la perfección, no por eso debemos dejar de enviar misioneros.”                                                 

 

¿Cuales son las áreas de cuidado pastoral?

Neal Pirolo, en su libro “Sirviendo al enviar obreros” sugiere algunas áreas de cuidado:

 

Apoyo logístico:

 

-     Pre-campo: ayudar en asuntos personales como: cuenta bancaria, seguro, jubilación, etc, asuntos de pasajes y visa.

-     Campo: envío de documentos, medicamentos, material de trabajo.

-     Post-campo: organizar la llegada del misionero: hospedaje, transporte, consultas médicas, dentista. Si es posible una semana de paseo.

 

Apoyo en oración:

 

-     Pre-campo: despertar a la iglesia a la intercesión, organizar grupos de oración.

-     Campo: mantener la intercesión, colocar los pedidos de oración en el mural, boletines, etc.  Solicitar   oraciones específicas.

-     Post-campo: promover reuniones donde el misionero pueda compartir su testimonio y pedidos de oración.

 

Apoyo moral:

 

-     Pre-campo: ánimo en cuanto al llamado, acompañarlos  al salir al campo (despedida).

-     Campo: recordar fechas importantes como cumpleaños, navidad, etc.

-     Post-campo: haga que el misionero se sienta bienvenido, prepare una reunión de bienvenida, cenas  en la casa de los hermanos.

 

Apoyo comunicación:

 

-     Pre-campo: tenga siempre listas las cartas de oración y las personas a las cuales serán enviadas.

-     Campo: enviar cartas, correos electrónicos, mensajes grabados, libros, regalos. Tenga siempre en   mente a los hijos de los misioneros.

-     Post-campo: renovar las cartas de oración, material de comunicación.

 

Apoyo financiero:

 

-     Pre-campo: definir el apoyo económico y forma de enviarlo.

-     Campo: enviar el apoyo económico e informes.

 

-     Post-campo: ser fieles en el apoyo económico mientras está en el campo misionero.

 

Apoyo en caso de  regreso:

 

-          Pre-campo: prepare a la iglesia.

-          Campo: planifique junto con el misionero el mejor momento para el regreso.

-          Post-campo: separe un tiempo para conversar con el misionero donde se puedan tratar los asuntos personales y ministeriales.

 

Mario Loss nos habla de las Necesidades de los misioneros:

 

“Estas son necesidades de personas en cualquier parte del mundo y en cualquier labor:

 

1.           Sentirse amado

2.           Sentirse valioso

3.           Sentir que su vida tiene propósito

4.           Sentirse seguro / protegido

5.           Sentirse parte de una comunidad – equipo, familia, matrimonio, u otro

6.           Provisión de necesidades básicas: agua, comida, refugio y ropa.

7.                       Salud para funcionar

Satanás ataca al obrero de Dios en cualquiera de estas áreas. Por ejemplo, él hace creer al misionero que Dios y la iglesia se han olvidado de él. Le hace creer que su vida no sirve para nada. Le hace sentir desprotegido, a solas, y en gran peligro físico o espiritual. Le ataca en su salud física y le pone a prueba con la falta de comida, alojamiento, ropa u otros elementos que el misionero crea indispensables. Se puede decir que es guerra espiritual. 

 

El misionero necesita entender las promesas de Dios tal cual son y no tener expectativas falsas que Dios siempre nos va a sanar, liberar del sufrimiento, proveer en abundancia, y darnos la victoria inmediata (II Cor. 1:6; 4:7-11; 7:5; 12:7-10). Hasta hoy mismo no hemos dejado de sufrir hambre, sed y falta de ropa; la gente nos maltrata, no tenemos hogar propio y nos cansamos trabajando con nuestras propias manos. (I Cor. 4:11,12). Cuando creemos en cosas irrealistas, estamos decepcionados y desilusionados cuando no se cumplen como esperábamos.

 

Conocer bien al Dios verdadero, entender sus caminos, y ajustar nuestras expectativas a esa realidad son muy importantes si queremos sobrevivir en el campo misionero. Es parte de la preparación del obrero, pero también parte de la prevención hacerle recordar esas verdades y promesas.

 

Sentirse amado

Por eso, creo yo que es sumamente importante para el obrero saber que Dios no le va a desheredar, sino que va a seguir siendo su Padre para siempre (Juan 10:27). Esto provee la seguridad necesaria en tiempos de prueba. “¿Quién nos podrá separar del amor de Cristo? ¿El sufrimiento, o las dificultades, o la persecución, o el hambre, o la falta de ropa, o el peligro, o la muerte violenta?...En todo esto salimos mas que vencedores por medio de aquel que nos amó” (Rom. 8:35,37). Estas dificultades vienen al obrero de Dios, pero no pueden vencer al amor de Cristo ni parar la obra que él quiere hacer a través nuestro.

 

Sentirse valioso

El misionero debe saber que Cristo murió para rescatarle porque para Dios, él como persona, tiene mucho valor. Dios pagó un precio de valor inestimable al enviar a su hijo a derramar su sangre para rescatar a cada uno de nosotros. Solo un tonto pagaría un tesoro por basura, y Dios no es tonto.

 

Sentir que su vida tiene propósito

El fruto del espíritu es la evidencia que un creyente está vivo y cumpliendo su propósito (Gal 5:22,23). No es necesario tener grandes logros en el mundo para saber que estamos agrandando a Dios.

 

Sentirse protegido

Saber que no importa lo difícil de la vida, el poder de Dios va a vencer el poder del diablo (I Juan 4:4).

 

Sentirse parte de una comunidad

Ya somos hijos de Dios y pertenecemos a su familia. Tenemos hermanos en todo el mundo (I Juan 3:1-2).

 

Provisión de recursos

Dios ha prometido que si le buscamos solo a El y intentamos cumplir su justicia, El proveerá comida, abrigo y el alojamiento necesario (Mat. 6:33).”

 

¿Cómo hacer el cuidado pastoral?

Propongo que escuchemos la voz del campo. Un matrimonio latino trabajando en pueblos musulmanes escribio en consulta y aprobación de otros misioneros lo siguiente:

 

La confianza y el equipo   vs   El falso cuidado pastoral

           

            ¿Es el nuevo ministerio del siglo XXI? ¿Es el último escalafón de la carrera pastoral? ¿Por qué todos quieren ser parte de algún comité de cuidado pastoral de los misioneros? ¿Por qué tantos quieren ser PASTORES DE MISIONEROS? Ojo que NO estoy diciendo pastor de misiones, que es algo muy distinto, sino, que me estoy refiriendo a esa idea de pensar que “pastor de misioneros” es el último grado en la carrera de misionero. A modo de ejemplo, y como ilustración, varias veces escuché frases del tipo: “ustedes no están para ser misioneritos, sino para ser pastores de misioneros”, “ya tengo muchos años en el ministerio, no estoy para ser un misionero más, estoy para pastorear a los misioneros”, “ya cumplió con su papel de misionero, ahora debe pastorear a otros misioneros”.

 

            No estoy de acuerdo con las personas que creen que pueden “pastorear” al misionero a la distancia, a través de Internet, sólo con sus recursos uniculturales y sin tener la más mínima experiencia de lo que es vivir y permanecer (nótese que no usé sólo el término vivir) en otra cultura o que creen que visitándolo cada tanto, los misioneros serán más bendecidos.

 

            Por otro lado, quiero afirmar que estoy plenamente de acuerdo con el cuidado pastoral del misionero, sin embargo no puedo estar de acuerdo con la idea de pastorear al misionero en otro lugar que no sea el campo mismo de misión y por personas que no estén viviendo (o hayan vivido) una situación (aunque sea) culturalmente similar. Es decir, considero que lo que algunos llaman “cuidado pastoral del misionero” sólo puede hacerse por personas que estén viviendo (o hayan vivido) con el misionero en la misma cultura y trabajo; y, por tanto, es responsabilidad del equipo y compañeros de campo velar por su cuidado pastoral.

 

Se habla de causas y razones de los mal llamados “fracasos” en el campo, y gracias a  Dios, veo que muchas veces las responsabilidades de eso están repartidas, sin embargo todos sabemos que un gran porcentaje de esos retornos a casa pudieron ser evitados.

 

Obviamente, estamos todos interesados en tratar de bajar ese porcentaje, para muchos triste y para otros diabólico. Y es latinamente correcto (y bueno), que un misionero latino pueda expresar de una clara latino- manera, los latinos sufrimientos que latinamente atravesamos los ex latino-habitantes que estamos en países (para nada) latinos y buscar así, una solución fácilmente latinizable sin necesidad de recurrir a soluciones latinizadas pero que en realidad son extralatinas.

Y, decididamente como latino, considero que es imposible hacer un buen cuidado pastoral del misionero vía e-mail o visitándolo una vez cada tanto.

 

Se habla demasiado del cuidado pastoral de los misioneros que están a miles de kilómetros del “pastor”, y con esto no me estoy refiriendo al pastor de la iglesia del misionero (en definitiva su pastor) sino a aquel que, sin conocer  al misionero, pertenece a algún comité de cuidado pastoral de alguna organización y que intenta pastorear al misionero; y lo que más me duele, es que se hace poniendo los mismos estereotipos del cuidado pastoral que se tiene con las ovejas “in situ”. Todos sabemos que debería haber diferencias, el problema reside en que no se tienen en cuenta. En este sentido, y considerando que los misioneros han sido (antes de llegar al campo) líderes o pastores en sus iglesias enviadoras, hay muchas opiniones y consejos (en definitiva es lo que se puede hacer por e-mail en lo que a cuidado pastoral se refiere) que no son para nada pertinentes ni con la situación que se vive, ni con la persona que la vive. También hay situaciones en las que la crisis del misionero supera (culturalmente hablando) al consejero y muchas otras, la experiencia del “consejero distante” puede ser opuesta a lo que el misionero necesita. No estoy diciendo que los misioneros son personas especiales (créanme, no lo son) y que no necesitan consejos de parte de los que no están en el campo. No, lo que estoy diciendo es que los misioneros necesitan una batería de cuidados distinta a la normal porque viven situaciones (cultural, ministerial y familiarmente hablando) distintas.

 

En otras palabras:

Los misioneros no son personas extraordinarias que viven situaciones ordinarias, sino personas ordinarias que viven situaciones extraordinarias. Por tal motivo, el cuidado pastoral debe ser elaboradamente distinto. Digo esto, no en el sentido de que el cuidado debe ser mejor (porque no creo en esa diferencia) sino que, al haber mucha tinta derramada sobre el cuidado pastoral cultural (en la misma cultura), pero muy poco sobre el cuidado extracultural, hay que elaborar una nueva y muy distinta filosofía que influya la metodología de acción en el cuidado de los misioneros en el campo. Esta nueva metodología se originaría (las bases las daremos más adelante) en cinco realidades:

           

1. La dificultad histórica concreta para solucionar problemas en el campo de misión de personas que nunca han sido misioneros. Muchos de ustedes preguntarán: ¿Qué ocurre con la guía del Espíritu Santo? Sin embargo, esta pregunta es tan apropiada como la siguiente: “¿por qué nadie recomienda un soltero como director del departamento de consejería matrimonial?” Todos sabemos del caso de Pablo; pero…. En nuestros días ¿quién se atrevería?

 

2. La incapacidad, conocida por todos, de poder compartir emociones y/o aconsejar por e-mail.

 

3. La realidad de la capacidad espiritual de los otros misioneros que también están en condiciones de pastorear al que está en crisis.

 

4. La experiencia de los misioneros que están trabajando en el mismo ministerio. Al tener  cargas ministeriales similares, pueden lograr una mayor comprensión de los problemas que acarrea el servicio.

 

5. La posibilidad de entendimiento entre los misioneros latinos que, aunque de distintos países, se unen, por estar sirviendo en la misma cultura “hostil” (en el mejor sentido de la palabra, claro). Es lo que ocurre cuando se encuentran un venezolano y un uruguayo en New York, aunque son distintos, el hecho estar en otra cultura, los une.

 

Con esto quiero aprovechar para derrumbar el mito de las dificultades de trabajar con obreros de otras culturas. Si hay patrones claros de paciencia entre los miembros de un equipo intercultural, las ofensas culturales se tornan en anécdotas risueñas.

 

LAS BASES.

 

            Como corolario de esos cinco puntos anteriores, hay dos preguntas que debo responder:

 

1. ¿Cuál es el papel de la iglesia enviadora ante una crisis?

2. ¿Qué pasa si el misionero/a no pertenece a ningún equipo de trabajo?

 

La respuesta a estas preguntas se encontrará en las bases de lo que opino que debe ser la metodología del cuidado pastoral de los misioneros para cualquier iglesia y en definitiva para cualquier situación.

           

            Ya hemos tratado de enunciar lo que no es el cuidado pastoral y lo que sería el origen de esta metodología, pasaremos ahora a dar las bases para re-pensar el cuidado pastoral de los misioneros en el campo, que en definitiva es el objetivo de este escrito. Más adelante entraremos en los ejemplos.

 

A. Confianza  bilateral.

1.       La confianza que la iglesia tiene en el misionero.

La misma confianza que Jesús le tuvo a Pedro (Juan 21) cuando le dijo (en otras palabras) “no me importa lo que hiciste…que me ames basta para que apacientes mis ovejas”.

La misma confianza que tuvo dos veces la iglesia de Antioquia: primero cuando encomendó a Pablo y a Bernabé a la obra para la cual el Espíritu los había llamado (Hechos 13) y luego cuando después de una pelea entre ellos los volvió a encomendar (Hechos 15) como diciendo: “no importa lo que haya pasado entre ustedes, sabemos que el Espíritu Santo los ha llamado”.

            Y en esto radica la re elaboración del cuidado pastoral del misionero, en la confianza que la iglesia tiene del misionero:

Es más fácil dar consejos y opiniones que serían normales en situaciones típicamente culturales, que confiar en la apreciación que el misionero tiene de su distinta situación cultural y apoyar las decisiones que toma. Por lo tanto tenemos que re elaborar el cuidado pastoral en base a la CONFIANZA sobre todas las situaciones.

 

He notado que una de las principales causas de crisis en los misioneros latinos es de autoestima. La mayoría de los misioneros han sido líderes probados o pastores en sus iglesias enviadoras. Por lo tanto, sabemos que durante el tiempo de ministerio en su iglesia local, sus opiniones o punto de vista no sólo eran tenidos en cuenta, sino que marcaban línea de lo que debía  hacerse. Sin embargo, al llegar al campo de misión, lo primero que uno pierde, es su lugar en el mundo laboral (o de servicio). Entonces pensemos… ¿qué es lo que más necesitará este obrero de parte de su iglesia?: CONFIANZA. Un mail (y aquí es donde estoy de acuerdo con el cyber-ministerio) que le recuerde al misionero su identidad, que le recuerde que esté donde esté , pase lo que pase y haga lo que haga, su iglesia, amigos, etc., siguen confiando en él y en sus decisiones.

 

Nunca voy a olvidar la confianza que tuvieron mis pastores en un problema que, como familia, tuvimos con otro misionero en el campo. Ellos no sabían bien lo que había pasado, sólo sabían que había habido un problema y que estábamos pasando por una crisis muy fuerte. La respuesta de ellos no sólo fue inmediata sino que absolutamente sanadora: “confiamos plenamente en ustedes, no importa la decisión que tomen, nosotros los apoyamos”.

 Seguramente también pensaron que el otro misionero era un salame (pero no me lo dijeron, para no poner más leña en el fuego), aunque sólo les dijimos que nos había hecho daño. Esa confianza pudo más que dos millones de consejos y opiniones a la distancia, que otros nos dieron.

 

Merecen un párrafo adicional las visitas al campo de parte de los pastores y miembros de la iglesia enviadora. Es necesario aclarar que, sin lugar a dudas, son muy buenas (y en muchos casos sanadoras); siempre y cuando la confianza en lo que dice, hace y vive el obrero sea el único filtro para relacionarse con él durante ese período. Si estas visitas están basadas en la confianza, sus pastores y amigos, vienen a disfrutar, aprender y compartir junto con el misionero, de sus experiencias en la nueva cultura, permitiendo así que la visita sea gozada por visitadores y visitados.

“¿Qué pensarán acerca de lo que estamos haciendo?” “¿Qué dirán de la casa en qué vivimos?” “¿Y qué de nuestro nivel de idioma?” “Si ponemos una Coca en la comida…¿pensarán que tomamos Coca todos los días y que nos sobra el dinero?” Estas, y otras más temerosas, son algunas de las preguntas que todos los misioneros nos hacemos ante la inminencia de una visita; sin embargo, cuando vinieron nuestros pastores y amigos a visitarnos, sabíamos que ellos confiarían en que todo lo que estábamos haciendo, no era una ficción y que no ocultamos nada de lo que pudimos mostrar.

¡Cuánta tranquilidad le da al misionero saber que sus pastores confían en él!

 

2.       La confianza que el misionero tiene en su iglesia.

Como vemos en 1 Samuel 30:24-25: “la parte del que va a la batalla, así será la parte del que queda (cuidando) las cosas….desde aquel día fue esto por ley…”.

Si el misionero se va tranquilo (y créanme esto soluciona un 50% de las crisis) es porque confía en que su iglesia cuidará de sus cosas en el país de origen. Algunos creen que “cuidado pastoral” es mandar e-mail queriendo saber el estado anímico del misionero para luego aconsejar al respecto…. El cuidado pastoral, que se traduce en tranquilidad en el campo, es (noten que no digo “también es”, justamente porque lo anterior no lo es): anotar a los hijos del misionero en educación a distancia, hacer los trámites legales, jubilatorios, bancarios etc. en el país de origen, hacer la suscripción a revistas, mandar los mensajes del último domingo, y todas aquellas cosas administrativas que muchos teólogos, psicólogos y antropólogos pasan por alto pero que le dan al misionero la confianza de decir: “me voy tranquilo porque mi iglesia cuida mis cosas”.

           

No se imaginan la tranquilidad (léase una causa menos de preocupación) que tenemos sabiendo que nuestra iglesia se encargó del tema de la ecuación de nuestra hija. Y sería una injusticia no mencionar los papeles de la jubilación, los trámites bancarios, de la casa, y otros miles. Como ven, no sólo es cuidado pastoral lo económico, el misionero también necesita confiar en su iglesia para la solución de los temas legales, administrativos y otros papeles en su país de origen. Todos sabemos que algunas de estos problemas son causas de regreso al hogar de parte de muchos misioneros.

 

De la misma manera que en el apartado anterior, merecen una nota adicional las visitas al campo por parte de los pastores y amigos del misionero.

 

La confianza que el misionero tiene para con su iglesia se  refleja en la tranquilidad con la que puede compartir sus luchas y temores, sabiendo que no será mal interpretado o juzgado por actitudes o comentarios extraños que se hayan producido durante la visita. También esta confianza, influye de manera especial sobre la mujer misionera, ya que puede permitirse el lujo de dejar la casa desordenada, sin temor a que la esposa del pastor la juzgue por “vivir en una cueva de ratas”.

           

¡Cuánta tranquilidad le da al misionero saber que puede confiar en sus pastores!

 

3.       Fidelidad

Claro que para que haya confianza, debe haber una fidelidad visible de parte de ambos (iglesia y misionero). Y cuando digo visible me refiero no solo a la oración….¿Se entiende, no?

Si Jesús confió en Pedro, fue (además) porque Pedro fue fiel en el apacentamiento de las ovejas.

Si la iglesia de Antioquia confió en el equipo Bernabé-Pablo y después en Pablo y en Bernabé por separado, fue porque fueron fieles en la predicación del evangelio.

Si los ejércitos de Israel fueron confiados a las batallas, fue (además) porque el pueblo fue fiel (por ley) y se quedaba cuidando las cosas.

Si la iglesia y los pastores confían en el misionero es porque éste es fiel Al que lo llamó, a su llamado y a la comunidad que lo envió.

Si el misionero confía en la iglesia, es porque fielmente la iglesia se encarga de sus asuntos, se preocupa por su sostén, y no estoy hablando de depositar el sostén pues todos sabemos de la crisis económica que pasan los países latinoamericanos, sino a procurar todos los medios a su alcance para que al misionero le llegue lo que necesita en el tiempo preciso.

Eso es lo que ocurre en nuestro caso: si confiamos plenamente en la iglesia que nos envió, es porque los responsables del comité de misiones realizan su trabajo con fidelidad. Si mi iglesia y mis pastores confían en nosotros…es un milagro.

 

B. TRABAJO EN EQUIPO.

Demasiado se ha escrito sobre las bondades del trabajo en equipo.

En este comentario, sólo hablaré de algunas aplicaciones en el campo de la Misión. Antes de ello, desmentiremos algunas mentirillas (sic) sobre el equipo intercultural e interdenominacional.

            Como dijimos antes, existe el mito de la dificultad de trabajar con compañeros de distintas culturas. Pero la experiencia muestra que no es más difícil que trabajar con compañeros de la misma cultura.

            Las dos causas más comunes de problemas de relaciones son: “cómo hacemos lo que hay que hacer” y “cómo decimos lo que decimos”.   Ninguna de estas dos razones de conflictos, desaparecen en el trabajo en la propia cultura, y aunque muchas veces no tienen solución (y no son para rasgarse las vestiduras, recordemos a Pablo y Bernabé) la primera puede amortiguarse con un buen mecanismo de diálogo y la segunda con un buen mecanismo de humor.

Con respecto al trabajo interdenominacional, les asombraría saber cuántos equipos de distintas denominaciones han podido llevar a cabo Su obra en la Misión, motivados sólo por la fidelidad a ÉL y no a su denominación.

Entonces, considerando que los mejores consejeros del misionero son sus propios compañeros de equipo (ver el punto de los orígenes), en esto, pues radica la re elaboración de la metodología del cuidado pastoral:

1.                             En la firme convicción que todos (aunque de distintas culturas) somos de la misma familia y apuntamos para el mismo lado, pudiendo encontrar pautas culturales comunes que faciliten la comunicación y por tanto la dinámica de la consejería en el grupo.

2.                             En la firme convicción que las diferencias doctrinales no nos hacen más salvos que los demás.

Aquí se ve más clara la re elaboración del cuidado pastoral de la iglesia enviadora: motivar y permitir que “su” misionero trabaje y sea aconsejado por un hermano (“equivocado”) de otra denominación. Los pastores deben entender que es preferible que un misionero de las Asambleas de Dios sea consolado por un compañero de campo que es Hermano Libre, a que el mismo pastor (que está lejos de la situación), intente solucionar el problema sin entender realmente si entiende realmente lo que realmente entiende del problema.

3.                             Ahora viene un pequeño apartado especial para aquellos que no tienen equipo: NO ES RECOMENDABLE QUE UN OBRERO VAYA A UN CAMPO SOLO, esto es: sin la compañía de un equipo o por lo menos algún otro misionero (mejor si es latino) en el mismo país. Y aquí tenemos algo más de lo que es la re elaboración del cuidado pastoral: la iglesia enviadora debe procurar encontrar o contactar con otros misioneros o instituciones que estén en el lugar para no dejar que su misionero se encuentre solo.

 

Para cerrar el tema de las bases: CONFIANZA-EQUIPO, me veo obligado a aclarar que

no siempre es fácil mantener esa confianza y que son innumerables los problemas de equipo que encontramos en los campos de misión; sin embargo, la experiencia dice que cuando la confianza se pierde, un buen equipo de misión ayuda muchísimo para salir adelante. Y cuando en el equipo hay problemas, la confianza de la iglesia enviadora es fundamental para superar la crisis.

Pero cuando la confianza de la iglesia se perdió y el equipo no funciona….Dios te ayude misionero.

 

Terminando con ejemplos

 

Hay mucho más para decir y hacer, pero paremos un poco con la teoría y aclaremos todo esto con varios ejemplos reales sobre la incapacidad de los cuidadores pastorales “extranjeros” vs. las ventajas de la confianza y el equipo.

 

Todos ellos tienen que ver con crisis normales que los misioneros atraviesan:

 

            Crisis cultural:

Nosotros vivimos en un país musulmán muy turístico. Eso produce dos actitudes:

  1. La población vive para y por los turistas que necesitan ver la mejor cara de la realidad.
  2. Los visitantes “pastorales” que han venido a vernos, nunca se han sacado la cámara de fotos del cuello.

Sin embargo, los que permanecemos aquí y no somos turistas, vemos la real realidad (valga la redundancia) de la sociedad en la que estamos. Y, más de una vez, sin necesidad de estar en un choque cultural, comentando algunas cosas que nos hacen daño de la cultura y la gente, recibimos como respuesta-consejo “pastoral” un “eso no puede ser cierto…esta gente es muy amable”.

 

            Claro está, que lo único que nos ayuda en estas crisis es cuando se la contamos a un compañero de equipo que lleva varios años en el lugar, que ya pasó por esto y todavía no guardó el machete “mata musulmanes inconversos”. O las palabras de la esposa de mi pastor de misiones: “si te vuelven a hacer daño, me vengo para acá y los mato a todos”.

 

            Crisis por mala administración del tiempo:

Entre el estudio del idioma, el servicio en la iglesia, el trabajo normal y las relaciones personales, a uno le queda poco tiempo para dedicarlo a la familia. Esta crisis produce un deterioro en la vida familiar con consecuencias impredecibles.

En cierta oportunidad, un amigo (con muy buena voluntad) nos escribe para decirnos que vendría a visitarnos un pastor amigo suyo, en el cual podíamos confiar plenamente y contarle nuestros problemas con toda confianza pastoral.

La propuesta no terminó allí, cuando llegó esta persona nos dijo la frase que todos, absolutamente todos, dicen: “vengo a estar con ustedes, a orar por los misioneros, saber cómo se sienten, orar por este pueblo”. La idea era muy interesante; pero no hubo tiempo para llevarla a cabo pues los cuatro días que estuvo, apenas nos alcanzaron para llevarlo a ver todos los sitios más bellos y turísticos de la ciudad.

 

Es fundamental tener un equipo que te ayuda a llevar a pasear a los “consejeros itinerantes”.

 

            Crisis de ministerio.

            Al estar en un país musulmán, las actividades evangelísticas y eclesiásticas son muy distintas y mucho más lentas a las que estamos acostumbrados en Latinoamérica, eso produce una crisis, que a su vez está alimentada por la pregunta: “¿qué estoy haciendo acá, perdiendo tanto tiempo con esta gente cuando en mi país es mucho más fácil?”.

            En medio de esa pregunta estábamos cuando llegó una visita “pastoral”: un profesor de misiones de un seminario…..¡Uy Dios!, ¡qué mal quedamos después de esa visita (y no sólo nosotros, sino todo el equipo)!. Las frases más punzantes eran: “ustedes están haciendo las cosas mal”, “si yo estuviera acá, lo haría de otro modo”, “esto no es como ustedes lo ven”… distaban mucho de ser frases propias de un pastor y lo peor de todo (y tal vez la razón de todo) era que nunca había vivido en un país musulmán.

           

            En este sentido las ventajas de la confianza y el equipo son fundamentales:

            Es profundamente sanador leer al pastor de la iglesia enviadora que dice: “confiamos en Aquel que te envió y la razón por la cual te envió. Sigue siendo fiel a Él, permaneciendo en el lugar donde te puso”.

            O al compañero de equipo que dice: “¿qué sabe ese?”

 

            Crisis por “si yo hubiera estado”.

            ¿Saben cuántas veces hemos dicho: “si yo hubiera estado en mi país ahora….”?

No hay ningún mail que pueda consolar a un misionero que perdió un familiar en su país de origen estando él/ella en el campo. Pero los consejos, no sólo son ineficaces ante la crisis por la pérdida de un ser querido, sino también para la producida por el casamiento de un hermano, el nacimiento de un sobrino, la enfermedad del padre, etc.

La confianza pasa por saber que mi comunidad (iglesia) estará consolando a mi familia por la pérdida de mi ser querido, que estará ayudando a mi hermana en el embarazo o a mi hermana en el casamiento y en el mejor de los casos (cuando se pueda) tratará de buscar el dinero para mi pasaje.

 

            Crisis de “¿dónde están los que me enviaron?”

            Todos los misioneros latinos que conocemos, fueron enviados por iglesias que se dividieron o sufrieron peleas entre sus líderes o rebeliones de los miembros o migraciones a “iglesias más espirituales”, durante el tiempo en que ellos permanecían en el campo.

Esto produce dos crisis, como consecuencia de sendas preguntas:

1.                              ¿Por qué, mientras estoy en este país tratando que esta gente conozca el amor y la libertad en Cristo, los que me enviaron no saben qué hacer con ese amor y libertad?

2.                              ¿Qué va a pasar con todos mis amigos que me prometieron apoyo y ahora se fueron a otra iglesia?

Lo interesante de la situación, es que en la mayoría de los casos, los “cuidadores foráneos” estuvieron involucrados en esas divisiones o “cosas raras”, lo que les hace sumamente difícil escribirnos una palabra de aliento al respecto porque ellos mismos están sufriendo el mal momento o porque son los responsables de la división. Por tanto, aquí es fundamental el apoyo de los demás compañeros de equipo que (obvia y lamentablemente) ya pasaron por esto.

 

            Crisis por falta de sostén

            No es posible leer los consejos electrónicos que nos envían porque no tenemos dinero para pagar la luz, ni el teléfono.

            Sólo hay dos maneras de solucionar esta crisis.

            Que tus compañeros de equipo te ayuden (algo que es sumamente normal y pasa muy a menudo) o que la iglesia se preocupe por el sostén.

 

            Crisis de idioma

            Cuando uno está atravesando una continua crisis por el aprendizaje del idioma, nunca falta la visita pastoral que luego de hacer la pregunta: “¿cómo se dice SI, en árabe?” y escuchar la respuesta, te dice: “ah, pero este idioma es muy fácil… ¿de qué te quejas?”.

            Nada como el consuelo de los compañeros de equipo que el otro día preguntaron por el baño y los mandaron a la cocina.

 

            Crisis de “no tengo con quien hablar, ni contar mis problemas”

            Es loable la intención de las visitas pastorales: “vengo a escuchar al misionero y tener una visión de lo que está ocurriendo en el campo”. El problema es que nunca hay tiempo para eso, pues el primer día deben descansar del largo viaje, el segundo lo dedican a contar y justificar (para que no creamos que tienen mucho dinero) cómo hicieron para conseguir el dinero del viaje, el tercer día lo dedican para contarnos cómo fue la travesía del viaje, el cuarto para hablarnos de su currículum y darnos la razón de por qué son pastores de misioneros y el quinto día se van porque tienen que escuchar a otros misioneros.

 

            Nadie como un compañero de equipo para contarle en  vivo y en directo tus penas, o en su ausencia, a veces es bueno que sepas que tu pastor lee tus mensajes pero que no te cuestionará por lo que sientes.

 

 

Crisis de llamado

¿Qué hago aquí perdiendo el tiempo?. Al primer misionero que te diga que nunca se preguntó eso, pídele dos autógrafos: una para ti y otro para mí.

La confianza de la iglesia en el llamado es fundamental para la permanencia en el campo.

En los momentos difíciles (de duda) siempre estaban los mensajes de mis líderes, recordándome que el llamado de Dios era para toda la iglesia (no sólo para mi) y que la misión en el campo continuaría hasta que el Señor lo decidiera.

En contraposición a esto, lamentablemente hay iglesias que no confían en sus misioneros porque no ven “resultados”. No confían en el misionero, ni en su llamado; sólo confían en su visión de lo que deberían ser los resultados, es decir en los miles de almas perdidas que se convierten pasando de las tinieblas a la luz por medio del dinero de nuestras ofrendas. Entonces dan el “espiritual” consejo: “si no hay convertidos, entonces vuélvete”, o lo que es peor (y por tanto hiper-generador de crisis) “te cortamos el sostén porque no vemos frutos”.

 

            Crisis en el equipo

            Es sin lugar a dudas una crisis muy potente en el momento que te hace decidir volver a tu país. Y para ejemplificar la inoperancia de los “consejeros foráneos”  vs.  la confianza en el cuidado del misionero que está pasando esta crisis, les comento qué pasó en el problema que tuvimos con el otro misionero.

Vinieron dos veces los responsables de la misión para apagar el incendio, gastando más de seis mil dólares en los viajes y, como era de esperar, el problema no sólo no se solucionó, sino que empeoró. La política de la misión era forzarnos a trabajar juntos cuando, sin embargo todos lo veíamos imposible. Nuestros pastores confiaron, nos defendieron ciegamente y apoyaron cualquier decisión que tomásemos; los pastores de él, confiaron, lo defendieron ciegamente y apoyaron cualquier decisión que tomase…. Conclusión: nos quedamos como misioneros en el país pero cada uno se fue por su lado (a lo Pablo y Bernabé, pero con acento latino), confiado en la seguridad de haber hecho lo correcto porque mis pastores lo apoyaron.

Sin la confianza de nuestros pastores, nos hubiéramos vuelto a nuestros países muy mal heridos… esa confianza nos fortaleció.

 

Para terminar.

Ahora que tenemos definida las bases de lo que creo debe ser el cuidado pastoral, debo aclarar que nos encanta recibir visitas. Nos encanta hospedar a los hermanos que vienen a turistear por el campo de misión. Sólo quiero diferenciar a los que nos dicen desde el principio que vienen a pasarla bomba junto a nosotros, de aquellos que dicen vienen a pastorearnos pero al final, ellos la terminan pasando bomba y nosotros bombardeados.

Y con respecto al e-mail, si bien considero (lo que muchos) que es imposible trasmitir sentimientos y emociones a través de Internet, no podemos dejar de usar esta herramienta tan preciosa que ha acortado las distancias y que en definitiva permite que la confianza  y la fidelidad sean visibles. Además, este trabajo se lo pasé por e-mail a mi Pastor de Misiones.

(Reflexion de un matrimonio misionero latino trabajando en pueblos musulmanes)

 

Ideas prácticas de como cuidar a su misionero

Finalmente Gloria Bustamante Zamora sugiere algunas ideas prácticas de como cuidar a su misionero:

 

Antes de salir

·       Ore constantemente por él y su familia. Pregunte en qué áreas específicas necesitan más oración.

·       Ayude a encontrar información sobre el país al que irán, así como del grupo específico al que ministrarán. Vaya a las librerías, consulte el internet, lea revistas y materiales misioneros y esté pendiente de las noticias diarias en  el periódico sobre artículos relacionados con el tema.

·       Apoye investigando qué tipo de visa, lugar de expedición, costos y requisitos se necesitan para entrar al nuevo país. Pregunte sobre los requisitos en cuanto a las vacunas, seguro, envío del dinero y seguridad requeridos por el país al que irán.

·       Esté dispuesto a escucharlos, animarlos y apoyarlos mientras se dispone para salir; seguramente sus emociones estarán variando.

·        Ayude a conseguir todo el equipo que necesitaran para el viaje. Puede apoyarlos en hacer sus compras (si ellos prefieren hacerlas) y si tienen  niños ofrézcase a cuidarlos mientras ellos salen a realizar sus diligencias.

·        Ayude a empacar las cosas que dejaran almacenadas en su casa, así como las que necesitaran llevar al viaje.

·       Provea de comida preparada los últimos días antes del viaje, a fin de que puedan tener tiempo y concentrarse en los últimos detalles.

·       En caso de requerirlo, ofrezca su hogar para que se hospeden un día antes de su partir.

·       Encárguese de hacer las copias de la carta de oración y envíelas a su lista de intercesores.

·       Organice una reunión abierta para todos sus amigos para que puedan despedirse de ellos.

·       Planee un servicio especial de envío y despedida acompañado de una reunión de compañerismo.

·       Tome fotos de sus reuniones con amigos y hermanos en la fe y revélelas antes de que se vaya, para que se lleve el recuerdo de sus últimos días y del amor expresado por todos.

·       Escriba un artículo para el boletín de la congregación o para la revista denominacional,  compartiendo que su misionero y familia (en su caso) está por salir,  animando a los hermanos  a comprometerse en oración tanto por él como por el país  y grupo al que ministrará; así como a comprometerse en apoyarlo   económicamente con la seguridad de que todo redundará en bendición.

·       Pregunte en qué puede ayudarlos y si necesitan algo, esté disponible con su tiempo y sus recursos. En ocasiones,  probablemente necesitaran su coche o camioneta para llevar cosas de un lugar otro.

·       Asegúrese de llevarlos al aeropuerto, terminal de autobuses o  trenes. Un grupo puede ir a despedirlo, acompañándolos antes de partir.

 

Mientras está en el campo

·       Ore constantemente por él y su familia.

·       Escríbale seguido y compártale sobre su vida, pensamientos y sentimientos. Mande fotos ya sea por internet o correo normal. Permítale seguir siendo parte de su vida aun cuando esté a distancia.

·       Manténgase actualizado de lo que su misionero hace. Respóndale cada vez que le escribe y conteste lo que le pregunte. Use esas cartas para tener motivos específicos de oración.

·      No olvide enviarle felicitaciones en el día de su cumpleaños, aniversarios, ocasiones especiales o festividades. Mándale una carta especial, una tarjeta bonita, llámelo por teléfono o envíele algo por fax.

·        Si el misionero está casado, no olvide que la esposa también necesita que las mujeres de la iglesia le escriban y animen al igual que los niños a los hijos de ellos.

·       Con el fin de animarlo y mostrarle su apoyo, mándele de vez en cuando “paquetes de amor” que contengan cosas que al misionero le agradan y le sean útiles como sermones grabados, estudios bíblicos o música de alabanza y de adoración.

·       Considere visitar a su misionero en el campo para animarle y conocer la obra que juntos están llevando.

·      Grabe un video con algún evento especial y mándele saludos para que vaya viendo a los nuevos miembros y los cambios que la gente va teniendo.

·       Cuando usted lea un libro que considere de beneficio y edificación, no dude en hacérselo llegar.

·       Envíe sus cartas de oración y compártalas con sus amigos y familiares.

·       Ayude a cuidar la casa del misionero y visite con regularidad a los familiares que quedaron en su país de origen.

·       Asegúrese de que el envío de sus recursos monetarios estén a tiempo y completos.

 

Cuando regresa a casa

·       Ore constantemente por él y su familia en el proceso de la readaptación.

·       Organice un grupo para recibirlo y darle la bienvenida en la estación del tren o camión.

·       Tenga su casa limpia, preparada para ser habitada, con comida en la alacena y el refrigerador.

·       Esté dispuesto a ayudar a conseguir las cosas que requieran cuando lo necesiten.

·       Consiga un medio de transporte que pueda utilizar para movilizarse.

·       Organice en la iglesia un servicio especial de gratitud por la fidelidad de Dios y la manera en como él los usó y cuidó en el extranjero.

·       Planeé una reunión informal para recibir amigos y familiares que quieran visitar al misionero.

·       Llévelos de compras y muéstreles nuevos lugares.

·       Provea de comidas preparadas, invítelos a comer a su casa o llévelos a su restaurante favorito.

·       No los sobrealimente, su sistema digestivo está reajustándose a los nuevos sabores y condimentos.

·       Asegúrese de que se le haga un chequeo médico completo. Haga los arreglos y encárguese de cubrir todos los gastos.

·       Permita que descansen todo el tiempo que necesitan los primeros días. Recuerde que su cuerpo y sus emociones están ajustándose al cambio de horario y cultura.

·       Esté pendiente de presentarle a la gente nueva de la iglesia.

·       Actualícelo en cuanto a los eventos y acontecimientos importantes en la sociedad.

·       Un mes antes de que llegue su misionero, mantenga un calendario para que la gente apunte la fecha, en que visitará e invitará al misionero a su casa o a salir. Esto evitará que se acumulen las invitaciones. Cuando lo invite a comer o de visita tenga algunas fotos para mostrarle.

·       Defina una o más fechas para que su misionero comparta sus vivencias, experiencias y fotos.

·       Esté disponible para escucharlo y hacerle preguntas de interés sobre su vida y ministerio en el país donde sirvió.

·       Es importante darle espacio para que haga sus cosas y decida qué desea hacer.

 

Como parte del cuidado al misionero es necesario proveerle de constante entrenamiento y capacitación

 

Es necesario:

·       Ayudarlos a conocer diferentes métodos de estudio de la Biblia para beneficio y aplicación.

·       Darles una enseñanza sobre guerra espiritual, intercesión y como vencer diferentes tentaciones.

·       Prepararlos para enfrentar el choque cultural y  saber cómo disminuir el estrés.

·       Proveer de talleres que los ayuden a saber cómo resolver conflictos  y cómo animarse unos a otros.

·       Dar diferentes métodos de aprendizaje para el estudio de un nuevo idioma y  capacitación en el área de  liderazgo y trabajo en equipo.

·       Entrenarlos en principios básicos de consejería.

 

Se concluye que el cuidado misionero es:

  1. Bíblico
  2. Imprescindible, porque no podemos limitar el potencial del misionero sino apoyarlo a que rinda al 100% de su capacidad.
  3. Urgente porque ya se están enviando misioneros al campo sin este cuidado, exponiéndose a fracasos. Dios sigue levantando obreros y debemos evitar que regresen del campo desanimados, sintiéndose fracasados y frustrados ya que esto afecta tanto al misionero, el campo y la iglesia que envía.
  4. Edificante porque la iglesia es grandemente bendecida, el misionero y su familia es reconfortada, apoyada y animada a permanecer y continuar con la labor que les ha sido encomendada.  

 

 

 

 

 

EXAMINE SU  INVOLUCRAMIENTO  CON LOS MISIONEROS

(Manual Movilización Misionera para la iglesia local- Edison Queiroz)

 

INSTRUCCIONES:

                1. Ponga una  X  en el  cuadro correspondiente al nivel de  su participacion.

                2. Se puede marcar mas de un cuadro dentro del mismo campo.

                3. Sume todos los números marcados.

Escriba el nombre del misionero  (transcultural) que Ud. más conoce:

 

                NOMBRE:  ..........................................................................................................................

 


1.  Nivel de Conocimiento :

            q 10     - Conozco personalmente             

            q 10     - Conozco por carta

            q 10     - Tengo una foto suya en casa         

            q   3     - Alguien me habló de él

        ____  -  TOTAL                          

 

2. Conocimiento del Campo donde trabaja:

            q 10   - Sé el nombre del  Barrio 

            q 10  -  Sé el nombre de la Ciudad

            q    5  - Sé el nombre de la Provincia                                   

            q    4  - Sé el nombre del País

            q    0  -  Yo no sé nada                       

       ____  -  TOTAL                           

 

3. Conocimiento  ministerial.

            q 10 - Yo sé la actividad principal

            q   8  - Yo sé la actividad secundaria 

            q   8  - Yo sé la actividad de la esposa 

            q   8  - Yo sé las otras actividades

            q   0  - Yo no sé nada             

      ____  -  TOTAL                            

 

4. Involucramiento en oración.

            q   10  - Oro todos los días 

            q    5   - Oro a veces 

            q    0   - No oro                       

      ____  -  TOTAL                                        

 

5. Involucramiento financiero.

            q 10  - Envio dinero mensualmente

            q   5  - Envio dinero a veces.

            q   0  - Nunca envie dinero              

       ____  -  TOTAL                           

 

6. Comunicación con el misionero.

            q   10  - Mensualmente

            q    5   - Me comunico a veces 

            q    0  - Nunca me comunico

       ____  -  TOTAL                           

           

 

7.  Comunión con el misionero.

            q 10  - Le hospedé en mi casa 

            q 10  - Tomamos tiempo juntos

            q 10  -  Oramos juntos,

            q    0 -  Nunca tuve comunión

       ____  -  TOTAL                                       

           

8.  Alguna vez le visitó en el campo.

            q 10  - Si

            q   0  - Nunca visité               

       ____  -  TOTAL                           

 

9.  Conoce  las dificultades que el esta

      enfrentando.

            q 10  - Las dificultades personales

            q 10  - Las dificultades ministeriales 

            q   3  - Conocimiento superficial

            q   0  - No conozco                  

         ____  -  TOTAL                         

 

10.  Conoce los resultados de su ministerio.

            q   10  - A través del Misionero

            q    5  - Por otras fuentes 

            q    3  - Superficialmente

            q    0  - No conozco      

         ____  -  TOTAL                    


TOTAL DE PUNTOS: ________

 

 

EVALUACIÓN DE SU INVOLUCRAMIENTO EN EL CUIDADO PASTORAL DEL MISIONERO:

            q    0   a   29       - Empiece a orar y pedir perdón y misericordia a Dios.

            q  30   a   99         - Usted no tiene relacion personal con su misionero.

            q 100 a 149          - Usted  necesita mejorar  su  participacion.

            q Mas de 150      - Usted  realmente  es socio de su misionero. Es un compañero de lucha.



[1]WEF, Investigación sobre motivos de retorno prematuro del campo 1992-1994

[2] Taylor, Guillermo, Demasiado Valioso para que se Pierdan, WEF 1997 pp. 127