Carlos Scott
Presidente Red Misiones Mundiales- Argentina
Representante de COMIBAM Cono Sur
Vice-Presidente de COMIBAM Internacional
El
Pastor Daniel Bianchi de Argentina escribió: “Para identificar a los nuevos
misioneros es imprescindible que el liderazgo de la congregación tome una
participación activa. En otras palabras, se requiere una decisión intencional.
En cada iglesia hay personas listas para avanzar hacia el servicio misionero.
La pregunta obligada es: “¿Hay líderes igualmente listos para identificar a
esas personas, acompañarlos y enviarlas?. De otra manera ninguna orientación
servirá de mucha ayuda si después no hacemos lo que hay que hacer.”
Estudiando
los pasajes de Hechos 13:1-3, Romanos 10.14-15 y la carta a los Filipenses el
énfasis final es el Envío y la Cooperación. En el folleto ¿Qué tan misionera es
su iglesia? que publico ACMC (Iglesias avanzando en su compromiso en misiones)
y luego la Red Misiones Mundiales (ver apéndice 3) descubrimos algunas claves
como:
-El
liderazgo (El Pastor/Ancianos/Consejo de Pastores / comité de misiones)
-Estrategia
(Política y Metas)
-Estimulo,
Educación, Visión, Oración.
-Envío,
Llamado y Pastoreo, Cuidado del misionero
-Finanzas
(Presupuesto de la Iglesia y compromiso de los miembros)
Claves en el trabajo con la iglesia local
(Algunos puntos adaptados de la tesis de Fritz
Schuller- Alemania)
1.
La tarea de las misiones mundiales está basado en el carácter de Dios y
su Palabra. Es una tarea central de la iglesia de Cristo.
2.
La iglesia debe considerar la tarea de las misiones mundiales como un
privilegio y no una carga. Ser discípulos de Cristo implica seguir sus
propósitos y metas para este mundo: “Ser lo que Dios quiere que sea, hacer lo
que Dios quiere que haga e ir donde Dios quiere que vaya” (David Ruiz-Comibam
Internacional).
3.
Las misiones mundiales es una tarea central de cada iglesia local. Por
lo tanto cada iglesia local necesita una estructura adecuada que le permita
cumplir esta tarea en su vida diaria y sus programas de iglesia.
4.
La responsabilidad de una iglesia de involucrarse en las misiones
locales no debe impedir que se involucre también en misiones mundiales. La
tarea es inseparable e implica el compromiso local y global.
5.
Algo está ausente en la vida de cada Cristiano en tanto y en cuanto las
iglesias locales no se ven involucradas en misiones mundiales. Hay un vínculo
directo entre él involucrarse en misiones mundiales y la madurez espiritual de
una iglesia. Esta debe ser una tarea de “toda la iglesia local” y no-solo de un
grupo aislado.
6.
La tarea principal de la iglesia concerniente a la misión mundial
consiste en el envío y cuidado de los misioneros que predican y encarnan un
evangelio integral. La iglesia es la “comunidad del Reino de Dios hasta lo
ultimo de la tierra”.
7.
Dios ha dado a la iglesia la comisión de las misiones mundiales
independientemente de sus recursos financieros. Cada iglesia y cada Cristiano,
sea pobre o rico, tiene el privilegio y la obligación de participar en la tarea
de las misiones mundiales.
8.
Debe haber cooperación entre iglesias, centros de capacitación y
agencias misioneras con respecto a obreros y finanzas. A causa de la tarea que
Jesús nos dio, estamos comprometidos a trabajar juntos para la gloria de
Dios. Debemos comprometemos a trabajar
en unidad y cooperación con iglesias tanto nacionales como extranjeras. Debemos
dejar de lado cualquier forma de envidia, competencia y cualquier
comportamiento proteccionista o exclusivista.
Bertil Ekstrom de
Brasil comenta que: “La iglesia local
juega un papel importante en el proceso de selección y envío. Creemos que lo
ideal a largo plazo es la existencia de un área de misiones en la congregación
para lo cual no sólo
evaluará la persona y su carácter, sino también su desempeño en diferentes labores
en la iglesia, así como en su desarrollo en las experiencias misioneras a
corto plazo. Esta área o comité también podrá velar por la capacitación y
pastoreo posterior del candidato, cuando asista a centros de capacitación más
especializados. No hay programa, dinero, o estructura que pueda sustituir la
iglesia.
En las naciones que
ya tienen experiencia en el envío de misioneros es común que los candidatos
provengan de un seminario o universidad. Han estado mucho tiempo lejos de su
ciudad y han sido miembros en diferentes iglesias durante el tiempo en que han
estudiado, perdiendo la relación cercana con la congregación que los viera
crecer.
La perspectiva
ideal es cuando la iglesia local funciona como un cuerpo viviente en el cual
cada miembro es conocido y tiene un seguimiento. La buena disciplina allí es
necesaria para dar a los candidatos a misioneros la orientación y
sostenimiento que ellos deben tener, y a la vez brinda la oportunidad a la
iglesia de crecer en la responsabilidad, al tener en su seno a un candidato en
proceso. Si no se lograra este ideal, eso no constituye una excusa para dejar a
la iglesia local o al candidato fuera.
A la par de su
responsabilidad para la selección, la iglesia puede dar a los candidatos una
excelente plataforma para practicar sus dones y habilidades, junto con el
entrenamiento básico que necesitarán para sus futuras actividades. La iglesia
puede presentar los candidatos a los demás miembros como futuros misioneros.
Después, los individuos pueden observar el crecimiento de los
candidatos y ser parte de su ministerio de apoyo desde e1 inicio. Esto hará
una notable diferencia en el sostenimiento económico y en el apoyo que el
misionero recibirá a través de la intercesión cuando se encuentren en el campo.
También se pueden cubrir la debilidad en el carácter y las necesidades
espirituales con un pastoreo efectivo, para que los puntos débiles en los
candidatos sean vencidos y no lleguen a ser causas de problemas futuros.
A pesar de las
ventajas señaladas anteriormente, la iglesia local tiene su limitación. Para
tal tarea, se necesita una estructura de cooperación que ayude a la iglesia en
la comprensión y proyección de su trabajo misionero.” La estructura puede ser
formada por un comité denominacional de misiones u otras instituciones
misioneras como ser las agencias e instituciones especializadas de
capacitación.
Daniel
Bianchi nos recuerda: “Jesús llamó a sus discípulos para que estuviesen con él
y para mandarlos a predicar. Juntamente con la conversión viene el llamado de
Dios para que le conozcamos, tengamos comunión con él, seamos parte de su
cuerpo y partícipes en la extensión de su reino. Ahora bien, además de este
llamado general, Dios pide que algunas
personas vayan a encarnarse y proclamarlo en otros contextos culturales. El misionero necesita tener seguridad de
haber sido apartado para este servicio. Esa seguridad o convicción proviene del
Espíritu Santo. ¡El apóstol Pablo la tenía! (Hch. 9.15;
Gál.1.15; 1 Tim.1.11,12; 1Cor.9.16.”
¿ A quien debemos seleccionar para enviarlos a un
centro de entrenamiento misionero?
En primer lugar, los candidatos deben demostrar evidencia creíble de un
llamado personal y entrega al ministerio transcultural. Hay un alto porcentaje de desgaste que existe
entre los misioneros, de manera que la pregunta es: ¿cuán importante es el proceso de
selección para prevenir los fracasos en el campo misionero? Sabemos que un
ministerio efectivo lleva años de adaptación, antes de comenzar a serlo, por lo
que nuestro énfasis en la selección y
capacitación contribuirá a mantener a los misioneros en sus ministerios el
mayor tiempo que sea posible, además de buscar que sean aptos y efectivos en la
misión.
“Algunos centros de
capacitación misionera sólo admiten obreros que hayan sido designados por sus
iglesias o una agencia misionera para el
ministerio transcultural. Otros aceptan alumnos que no forman parte de una agencia, pero sí
que revelan un llamado al servicio transcultural. Desde mi perspectiva la Iglesia local debe ejercer el principal
rol protagónico en la recomendación y aprobación de los candidatos”.
Bertil
Ekstrom continua compartiendo que: “El trasfondo en sí no debe ser decisivo
para la selección; los buenos misioneros provienen de todas las situaciones.
La pregunta que nos debemos hacer es si hay fundamento para creer que esa
persona tiene un verdadera llamado de Dios para las misiones, y si el
candidato coincide con la tarea que desea realizar.
Es casi imposible una evaluación
objetiva de los candidatos, por lo que necesitamos dar pasos concretos a fin
de no cometer una injusticia. De lo pobre y vil de este mundo Dios ha tornado
para llevar el Evangelio a las naciones, y humillar a los grandes. Dios es el
que llama, es quien envía, y Él es quien encomienda. Pero así como Dios hace
su parte, y pide a quien ha llamado a las misiones a hacer la suya, también
espera que el liderazgo y la iglesia sean responsables, cada uno en su
función. Debemos trabajar para reconocer a los realmente llamados, y
ayudarlos a transitar el camino hacia los no alcanzados, siendo sensibles al
Señor de la mies. También debemos desarrollar el discernimiento para cuidar,
como buenos pastores, a aquellos que el enemigo quiera confundir con vocaciones equivocadas, cuando en
realidad Dios los quiere aquí, en casa, sirviéndole fielmente.
El proceso de
selección toma tiempo, aunque los candidatos puedan estar ansiosos para ir.
Trabajemos, entonces, para que aquellos que vayan sean, en verdad, los que Dios
quiere allá, dando gloria a su nombre y llevando esperanza a los perdidos.”
“En segundo lugar,
los candidatos a entrenarse deben poseer la salud física y estabilidad
emocional necesarias para la vida transcultural. La vida en el campo misionero
muy a menudo confronta a los obreros con una amplia variedad de desafíos
culturales, lingüísticos, sociales, estructurales, tecnológicos, y médicos con
los cuales ellos nunca habían tenido que enfrentarse en su tierra natal. Estos
desafíos, al ser enfrentados tanto personalmente como en familia, y además
sumados a las presiones del ministerio, producen un estrés considerable. Si la
salud física del obrero o su estabilidad emocional son frágiles, él o ella
probablemente no debería ser considerado como candidato para el entrenamiento
misionero.
Finalmente, se deben
vislumbrar en los candidatos para el entrenamiento misionero los niveles de
pureza moral y madurez espiritual necesarios para el liderazgo en el
ministerio. Si las cualidades morales básicas para el ministerio del liderazgo
han sido afectadas o dañadas, es muy poco lo que el centro de capacitación
misionera o el propio candidato pueden hacer para restituir lo que se ha
perdido. Seguramente habrá otras oportunidades en el ministerio aunque no sea
en el frente misionero. En lugar de simplemente rechazar al aspirante, el
personal del centro de capacitación, debería estar capacitado para aconsejar a
dicha persona o su iglesia hacia un área posible en el servicio en la cual el
obrero pueda involucrarse.
Por otra parte, si
el candidato carece de madurez espiritual, su iglesia puede proporcionarle alimentación adicional y, con suficiente
tiempo, esto puede resultar en que dicho candidato se reincorpore exitosamente.
Los responsables del centro de entrenamiento deben comunicarse directamente con
los líderes de la iglesia del candidato para explicar los indicios particulares
de falta de madurez y las áreas en las cuales es necesario un crecimiento
espiritual. En algunas de estas ocasiones el centro misionero puede recomendar
o proveer recursos para que la iglesia utilice en este proceso.”
Aunque parece obvio, la persona que considera
la tarea misionera debe haber dado evidencia de una auténtica conversión.
Juntamente con ello tendrá que ser evidente que ha desarrollado una sólida
relación con su iglesia local ya que allí es el lugar donde se dan los primeros
pasos en el discipulado, servicio cristiano y la capacitación.
Ya
se han realizado suficientes investigaciones para demostrar que los mayores
problemas se encuentran por el carácter y asuntos dinámicos espirituales (no
asuntos de conocimiento). Por consiguiente, el desgaste se da más por fallas
relacionadas con la cultura, la gente, la iglesia o la competencia en la obra
relacionado con lo que el misionero sabe o no. Los estudios específicos
individuales sobre las razones para el desgaste misionero fueron realizados por
Laura Mae Gardner (Wycliffe) . En este paquete, ella encontró que:
1)
Las razones declaradas para finalización de
su labor rara vez son las razones que se dan a conocer,
2)
Hay problemas personales incluyendo la falta
de sujeción, actitud defensiva, baja auto estima, ambición por el dinero, las
posesiones y escasa educación.
3)
Había demasiada expectativa de parte de la
nación anfitriona, el campo y liderazgo misionero.
4)
El desgaste era generalmente causado por
necesidades.
“La
obra misionera no es para las personas perfectas pero sí para los maduros y
comprometidos. Se espera que esa persona tenga “los grandes temas resueltos”, o
por lo menos haya mostrado dedicación para enfrentarlos. Por ejemplo: ¿Cómo se
siente ese soltero/a acerca de su soledad?. ¿Cómo está ese marido/esposa por el
hecho de no poder tener hijos?. ¿Hay temas del pasado que no fueron tratados
adecuadamente?. ¿Necesita restauración, reconciliación?. Una de las principales
características de la madurez es la capacidad de mantener los compromisos
asumidos. Otra es la capacidad de tomar decisiones y hacerse responsable por
las mismas sin echar las culpas a otros de las consecuencias. La misión
necesita gente firme pero flexible, de convicción pero amable” (Daniel
Bianchi).
Se
deben desarrollar áreas de carácter como la madurez espiritual, celo
evangelizador, trabajo en equipo, disciplina, responsabilidad, versatilidad,
relación correcta con Dios, con su familia, la iglesia y la comunidad.
“Es
menester contar con misioneros que tengan actitudes correctas, sobre todo
verdadera humildad. Sólo así podrán salir como aprendices más que maestros,
como siervos más que conquistadores, como acompañantes más que protagonistas.
La misión transcultural es cada vez menos pionera (aunque hay varios aspectos
que la requieren de manera urgente como es el caso de la traducción de la
Biblia). Por esta razón el misionero se
debe relacionarse con la iglesia nacional. Como tal el misionero debe
reconocerlos, amarlos y respetarlos. La identificación es imprescindible como
expresión de auténtico amor y por consiguiente no está exenta de riesgos los
que deben asumirse con gran sabiduría, consejo maduro, sensibilidad cultural,
dirección del Espíritu y orientación de la Palabra” (Daniel Bianchi).
“La
vida misionera es una vida de relación. El misionero vinculará otros
colegas (generalmente de varias
nacionalidades y trasfondos),
cristianos nacionales,
autoridades gubernamentales y con
otros a quienes va a servir. No se nace sabiendo como tener buenas
relaciones. Hay que aprenderlo y aprenderlo bien. La dificultad para tener
vínculos sanos hará que la persona esté discapacitada para el servicio y le
ocasionará más de un quebranto. No es de admirarse que los conflictos
interpersonales ocuparon el cuarto lugar como causal de deserción misionera
tanto en los países misioneros tradicionales como de las nuevas naciones de
envío”. (Ver “Demasiado valioso para que se pierda”, Guillermo D. Taylor,
WEF/COMIBAM).
“Muchas veces el obstáculo grande del misionero es su propio complejo de
inferioridad. Confiamos en lo que somos y no en el Señor pero cuando estamos en
el Señor, y viviendo en su plenitud, aunque somos incompetentes por naturaleza,
nuestra fe vence al mundo y la carne nuestra por que ya es Dios quien trabaja
en nosotros. Dios es mayor que las
circunstancias nuestras y aun de nuestra incapacidad. Él es el Señor, tanto de mi vida como de las
circunstancias”(Mario Loss). Otras veces su obstáculo es un alto sentido de
superioridad. En ambas situaciones el misionero debe tener una perspectiva
clara que no debemos confiar en lo que somos sino en el Señor, ni menos al
punto de decir “no podemos”, ni más al
decir “yo puedo, lo sé todo”. La perspectiva correcta es: “Todo lo puedo en
Cristo que me fortalece”
Esta área
afecta las otras, deberíamos hacernos las siguientes preguntas: ¿Es el
misionero una persona de oración? ¿Dónde busca su alimento espiritual? ¿Cómo
reacciona ante la frustración? ¿Está abierto para cosas nuevas?
Se debe
evidenciar el fruto del Espíritu Santo en la llenura del espíritu (Galatas
5:22-26). Un carácter que se revela en el fruto del espíritu es la muestra de
ser una vida transformada por Jesús y ser semejante a Él. Somos llamados a
encarnar este tipo de carácter e imagen en toda cultura, tiempo y situación.
A través
del trabajo en el ministerio se buscara desarrollar el fruto del espíritu en
Amor, piensa en otros y hay autosacrificio; en Gozo donde depende del control
de Dios y no de las circunstancias; en Paz donde hay tranquilidad en el medio
de los problemas; en Paciencia donde hay autocontrol bajo presión; en
Benignidad, el amor que se ve en acciones; en Bondad donde se hace lo bueno
aunque otros no lo merezcan; en Fidelidad, se puede contar con el / ella; en
Mansedumbre donde puede disciplinar con ternura; en Dominio Propio donde se
crucifica al yo, o se tiene autocontrol sobre la carne.
Debe aprender a cuidarse por si mismo por medio de la vida devocional, alimentarse de la comunión con Dios diariamente, estudiar temas bíblicos, ser autodidacta.
“Cuánta
más amplia es la preparación tanto mejor. David Harley dice que los candidatos:
“Deben mostrar la evidencia de la obra de Dios en sus vidas. Deben ser
confiables y disciplinados para trabajar, aunque a la vez se les debe aconsejar
que no sean perfeccionistas ni adictos al trabajo... Una ventaja adicional es
que la persona tenga sentido del humor y especialmente la capacidad de reírse de
sí mismo”. “Es sumamente recomendable
que la iglesia tenga un programa de preparación misionera bien desarrollado
para encausar a las personas con inquietudes. En un paso siguiente la
capacitación requerirá la participación de instituciones formales como
entidades teológicas y centros de capacitación misionera”
“Servir
en misiones es estar en un contexto cultural diferente, en ocasiones totalmente
opuesto y aún antagónico. La persona debe tener un sentido crítico de su propia
cultura y a la vez de contar con herramientas para conocer la cultura
anfitriona. Algunos pequeños indicios son: Capacidad para escuchar con atención
y mirar las cosas desde el punto de vista del otro, disposición al estudio de
otros idiomas, interés por otras culturas, deseo de ayudar a personas
extranjeras, gusto por las expresiones artísticas étnicas, placer por comidas
exóticas, conocimiento actualizado de la situación mundial, etc.” (Daniel
Bianchi)
Como
parte de un proceso debe ejercitar sus dones en la vida de la iglesia y la comunidad.
Debemos darle oportunidades de servicio en cosas sencillas sin importancia y
otras que serán complejas requiriendo dar lo máximo. Ayudaran en la
construcción, limpiaran baños y depósitos, estarán en la plataforma,
planificaran, estarán a cargo de equipos, comenzaran nuevos ministerios,
ayudaran a los diferentes ministerios en la iglesia y estarán en sujeción a
otros lideres. Tendrán oportunidades de enseñar y compartir sus vivencias.
Serán puestos a prueba y evaluados. Se espera que en las áreas de ministerio
ejerzan las disciplinas espirituales, entiendan la guerra espiritual, se puedan
comunicar bien en su propio idioma, hacen amistades, aprendan otro idioma,
evangelizan y predican, enseñan, capacitan, discipulan. Se espera también que
sean buenos mayordomos de su tiempo y recursos, se vea la generosidad y
fidelidad en las ofrendas, que compartan sus recursos con los compañeros de
equipo. Se espera que puedan desarrollar una fuerza suficiente frente al
stress, la soledad y ser capaces de formar una nueva iglesia. Finalmente el
tener una experiencia de corto plazo en otra cultura nos permitirá ver como es
su comunicación y empatía transcultural.
Uno de los problemas actuales es el protagonismo que deseamos todos de
acuerdo a nuestra preparación. Ser siervo es ocupar el lugar que Dios quiere,
estar en el centro de su voluntad y alegrarnos con esto.
La
característica actual del servicio misionero requiere el concurso de distintos
tipos de personas con diferentes dones, capacidades y preparación. Leyendo
algunas presuposiciones de Raimundo Morris (Misionero en Chile y Argentina) y
adaptándolas podemos decir que:
El
Saber Hacer tiene que ver con una Educación Integral:
Debemos tener una postura equilibrada entre lo intelectual y lo
práctico. Se deben ver destrezas desarrolladas para enfrentar la vida y el
ministerio antes de proveer una respuesta teórica a la vida.
El
Saber Hacer tiene que ver con la Observación: El misionero transcultural debe observar, escuchar, ver,
preguntar, ser aprendiz, donde formulara sus teorías de lo que se observa, y
luego averiguara la veracidad o error de sus propias teorías como un
procedimiento para su vida en la nueva cultura.
El
Saber Hacer tiene que ver con la Orientación en el Contexto: No es la información que necesitan
solamente, es la información en el contexto de su praxis y su vida diaria en la
cultura anfitriona. No es suficiente confiar en nosotros mismos, en la
adquisición de datos y conocimientos, porque el saber hacer tiene que ver con
morir a nosotros mismos y no buscar un protagonismo especial. Como bien dijo un
misionero que conocí: “Ser misionero es saber conducir desde el asiento
trasero”. El mayor enemigo para un
funcionamiento satisfactorio es nuestro "yo". No es el "enemigo" externo sino el
"enemigo" interno en nosotros.
El
Saber Hacer tiene que ver con Comprender, Identificarse y Aceptar nuevos
Valores Culturales. Somos productos de nuestras culturas y las
experiencias formativas a través de ellas. Nuestros valores culturales
determinan como vemos al mundo. Cuando entramos a otra cultura debemos
contextualizarnos con los nuevos patrones de la cultura receptora. Es encarnar
la nueva cosmovisión sin renunciar a los principios bíblicos.
El Conocer tiene
que ver con una Educación Continúa: como actitud y como principio el misionero
nunca deja de estudiar en alguna forma u otra. El principio de la educación de
adultos postula que todo proceso educativo debe ser continuo y por vida. Nunca
debemos dejar de estudiar. Siempre debemos avanzar en la educación formal como
informal. Necesitamos mas misioneros y pastores con conocimientos, grados y
experiencias ministeriales / transculturales.
“La
“misión” significa “envío”. El concepto de “misiones” proviene en primer lugar
de la teología trinitaria: misión es el envío del Hijo por el Padre en la
fuerza del Espíritu.
Ciertamente, comunicar verbalmente el mensaje
evangélico es saludable y necesario, pero debe tomarse en cuenta siempre que la
Palabra de la cual se habla es la Palabra (Logos) Encarnado, como nos recuerda
el prólogo al Evangelio de Juan. La Buena Nueva de Dios en Jesucristo se
manifiesta como Emmanuel, como Dios con los seres humanos, Dios involucrado
hasta las últimas consecuencias con nuestra materialidad y nuestro destino. Tal
involucramiento tiene un aspecto verbal y otro aspecto constituido por
prácticas concretas que hacen a un perfil de vida. Y de tal aspecto integral
testifica la palabra “misión”, que significa envío.
¿En qué constituye ese envío?
Así como el Hijo fue enviado por el Padre en la
plenitud del tiempo para nacer en una familia judía de Galilea durante la época
de la hegemonía romana en Palestina, aquellos que creen en el Hijo son enviados
a encarnarse en la cultura que les toque ir y servir.
En la
gran comisión juanina (injustamente olvidada a raíz de la preeminencia de la
gran comisión de Mateo a partir del siglo XIX), el Jesús resucitado dice “Como
me envió el Padre, así también yo os envío”. Acto seguido les sopla y dice
“Recibid el Espíritu Santo” (Juan 20,21-22). El envío o la misión de los
creyentes tiene, pues, que ver con entrar en la dinámica del Dios trino: el
Padre envió al Hijo en el poder del Espíritu; el Hijo nos envía a nosotros en
la manera en que el Padre lo envió, y nos faculta para vivir como él por el
Espíritu Santo. La unidad entre los cristianos viene de participar de múltiples
maneras de ese envío (Juan 17).
Una de las preguntas centrales de la misión de la
iglesia es, precisamente: ¿cómo ha de encarnarse el evangelio en la cultura?
¿Aceptándolas por entero? ¿Rechazándolas en lo posible para construir guetos
eclesiales? Ni el extremo de rechazar por completo la cultura local imperante
ni el aceptar todo de ella, son maneras fieles de llevar a cabo la misión de la
iglesia. Por otro lado será necesario ver qué elementos precisan ser
descartados de las tradiciones
eclesiales que vienen de afuera a las culturas locales”. (Nancy Bedford)
Al pensar en el ministerio transcultutral el Pastor
Roberto Perez Bianco (Chile) expresa diferentes características de lo que
significa ser “Una iglesia enviadora”:
1-Responsabilidad de cada creyente de oír y
obedecer la voluntad de Dios para su vida
2-Mantener una vida en santificación y llena del
Espíritu Santo
3-Ajustar la visión personal, dentro de la visión
de Dios: “A todas las naciones”.
4-Necesidad de definir el “marco de acción” para la
implementación y desarrollo de la
visión.
5-Es una membresía probada. Seremos probados y
debemos aprobar (2 Corintios 8:1-7).
6-Es una membresía generosa. (2 Corintios 9:6-15).
7-Es una membresía con actitud de servicio
(Filipenses 2: 22-30)
Una iglesia enviadora no debe ser:
1-Una iglesia emocionalista donde el interés sube o
baja según la epoca del año.
2-Una iglesia que solo ofrenda dinero. Misiones es
mas que solo dinero.
3-Una una iglesia con visión exclusivamente
interior. Debemos tener expectativa de extendernos hasta lo ultimo de la
tierra.
Al reconocernos como enviadores debemos proveer a
los misioneros transculturales apoyo moral, logístico, financiero, oración y comunicación.
Por lo tanto una iglesia enviadora es:
1-Cuando tiene equilibrio en cada área de acción
(Jerusalén, Judea, Samaria y hasta lo ultimo de la tierra)
Da dignidad a cada área de trabajo y ninguna
permanece como una “cenicienta”. Hay moralidad de Fe. Se pregunta: ¿Qué pasa
con los que no escucharon el evangelio?, ¿Por qué no escucharon? Y actúa en
consecuencia.
2-Cuando sus “pastores siervos” marcan el rumbo
para llegar a “todas las naciones”.
3-Cuando su membresía ofrenda tiempo, esfuerzo y
dinero para que el evangelio este disponible para “todos”
4-Cuando equipa a su membresía y candidatos. Ayuda
en su formación para que lleguen a la meta.
5-Cuando piensa en términos del “Reino de Dios” y
no de su “propio reino”. La obra misionera es del Pueblo de Dios. Es mas grande
que la iglesia local.
6-Cuando esta dispuesta a mantenerse en la visión
de Dios (bendición a todas las naciones), ser fiel, pagar el costo, y continuar
su trabajo motivado por el amor hasta que el Señor vuelva.
A continuación
están las recomendaciones de un matrimonio misionero latinoamericano trabajando
con un equipo en pueblos musulmanes en cuanto al estimulo, llamado,
capacitación y envío de los misioneros:
Es
muy recomendable que tenga:
El pastor Roberto
Pérez Bianco (Chile) comenta que los “siervos” en la iglesia deben tener:
1- “Conciencia de
la gloria de Dios”. Implica que sus siervos deben tener una vida de adoración y
de disciplina espiritual para avanzar en las misiones (Hechos 13.1-3).
2- “Conciencia de
la voluntad de Dios”. Dios es el que da las ordenes. Él dijo “Apartadme” y sus “siervos” obedecieron.
3- “Conciencia del
llamado de Dios”. Dios llama en forma especial a sus “siervos”. Debe haber un
entendimiento que el llamado es para “todos”. El llamado es a la misma vez
envío, es “misión”. Llamados para ser enviados y enviadores con diferentes
roles.
4- “Conciencia de la presión”. Implica que
habrá dificultades, oposición, problemas en los equipos, falta de fe y comprensión, critica, etc. Es lucha
espiritual porque Satanás se opone a la misión de Dios. El sufrimiento será parte
del trabajo en “misión”.
El pastor Juan
Masalyka de Argentina comparte que los pastores deben:
1-Oírle a Dios
(Génesis 22:1). Debemos atender lo que Dios nos quiere decir. No hay peor sordo
que el que no quiere oír y Dios nos dice “Si oyereis hoy su voz no endurezcáis
vuestro corazón”.
2-Creerle a Dios.
Las circunstancias que Dios ponía para Abraham
eran muy difíciles. Él fue puesto a prueba y creyó (Hebreos 11:17,
Génesis 22:18). El que cree a Dios no será avergonzado.
3-Trabajar según
los planes de Dios. Esto implica oración y trabajo duro. Sin trabajo no hay
logros. Teodoro Williams dijo “Lo importante no es lo que no tenemos, sino que
hacemos con lo que ya tenemos”.
En el año 1982 la
iglesia que preside el Pastor Juan Masalyka en Córdoba se comprometió en la
tarea de la evangelización mundial y la misión transcultural. Hoy es una de las
iglesias argentinas que más misioneros ha enviado en circunstancias muchas
veces difíciles.